martes, marzo 01, 2011

Cada segundo cuenta



Acabo de retornar del cine de ver la película “127 horas” y vaya que fue todo un episodio de supervivencia y tozudez lo que vivió el montañero Aron Ralston en los cañones de Utah. No me imagino pasar una situación parecida, alguien podría imaginárselo? Podríamos volver a salir a la montaña si es que nos viéramos envueltos en situaciones similares? Según he revisado su biografía el superó este hecho y continuó haciendo montaña. Terquedad? No aprendió de lo vivido? Comentaré esa idea en otro post.


Sinceramente una de las cosas que me llamó la atención fue una frase al final de la película que iba algo así: “Aron continua saliendo a las montañas pero ahora deja una nota apuntando a donde se dirige”. Aprendió de su experiencia de la peor manera.


Saliendo del cine me preguntaba: Cuantas veces he hecho lo mismo que Aron (salvando la distancia claro está :))? Cuantas veces he ido “solo” a la montaña, a alguna excursión, a Ticlio sin avisar a donde he ido. Pues tengo que admitir que algunas veces. Quizás aquellos que practicamos esto a menudo pecamos de una excesiva confianza, pensamos en que nunca te va a pasar nada, nos sentimos algo indestructibles… pero y si pasa?. Como se preguntaba Aron en la película, donde queda toda esa experiencia en situaciones límite?.


Siempre he considerado al montañismo en solitario como la máxima expresión de nuestro deporte. Obviamente nunca he sido ni seré un montañista extremo, me falta muchas cosas pero un par de veces he asumido el reto de ascender -modestamente- alguna montaña en solitario y he fallado al no alcanzar el objetivo. En el 2001 intenté una nueva vía (bueno es un decir) en el Santa Rosa en Ticlio y me quede a 1 largo y medio de la cumbre (posteriormente con Hugo hicimos dicha ruta y la llamamos “Sol Soberano”) y el 2002 intenté el Yahuaraju por primera vez en solitario (si… la montaña donde me lesioné el año pasado) y llegué a 5400 msnm aproximadamente en un glaciar recontra agrietado. Definitivamente me faltaron “agallas” para continuar y recuerdo haber dudado mucho si retirarme o no en esas ocasiones; por suerte siempre he hecho caso a mi “sentido común”. También recuerdo que a pesar de no haber cumplido el objetivo regresaba satisfecho a casa por la experiencia. Sentía mucha paz al contemplar los paisajes, al no tener con quien compartir comienzas a conversar contigo. Es todo un tema.



En otras ocasiones he ascendido en solitario alguna montaña pero no es lo mismo ascender el Ishinca o el Aconcagua “solo” que intentar el Santa Rosa o el Yahuaraju en solitario. La diferencia? En el Ishinca o en el Aconcagua ascendía “solo” pero a la vez acompañado de otros montañistas que a lo lejos me acompañaban, el factor psicológico de ver a un humano cerca es impresionante. En el Santa Rosa o el Yahuaraju éramos la montaña y yo.


Ahora ya no hago eso, ni me lo planteo… si no tengo quien me acompañe prefiero contratar los servicios de algún amigo “guía de montaña”, los tiempos cambian; será la edad? puede que si :).



El mundo del excursionismo es otra cosa y ahí tengo que confesar que tengo algo que corregir. Muchas veces no he encontrado compañero/a y he ido a explorar alguna zona con mi mapa y mi gps sin avisar a donde voy. Mal no? los accidentes ocurren por exceso de confianza, eso la pelicula me lo ha vuelto a recordar. Hay que estar siempre prevenidos y si vas solo ... siempre hay que comentar a alguien tu destino. Espero que me sirva de ayuda memoria.


Qué largo me salió el post, lo que hace una película :)

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